A 70 años de la victoria contra el nazismo

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Por Niko Schvarz (*)

Moscú fue este 9 de mayo el corazón del mundo, como lo fue 70 años atrás, el 9 de mayo de 1945, en la celebración jubilosa de la victoria contra el nazifascismo, que contó el sábado pasado con un desfile militar imponente en la histórica Plaza Roja, la participación masiva del pueblo y la presencia de gobernantes y dirigentes de numerosos países extranjeros que le añadieron relieve internacional.

En esta fecha se comprobó una vez más que en el mundo entero existe clara conciencia de que la Unión Soviética desempeñó un papel fundamental en esta contienda, que salvó a la humanidad del milenio nazi preconizado por Hitler.

Fue una contribución decisiva del régimen surgido de la revolución de octubre (noviembre) de 1917, dirigida por Lenin, al destino del género humano. Colaboraron a esta victoria las fuerzas armadas de Estados Unidos y Gran Bretaña, que protagonizaron el tardío desembarco en Normandía el 6 de junio de 1944 y posteriormente, en el encuentro del Elba, el 25 de abril de 1945, sellaron su abrazo fraterno con las tropas soviéticas que ya habían puesto cerco a Berlín, el 30 de abril tomaron por asalto al Reichstag y a las 21 horas 50 minutos de esa víspera del 1º de Mayo los sargentos Mijail Yegórov y Meliton Kantaria izaron la bandera roja sobre su cúpula, otra imagen que recorre el mundo en cada aniversario.

De esta forma el 8 de mayo en Karlshorst, suburbio de Berlín, representantes del alto mando alemán con el general Wilhelm Keitel al frente, firmaron la capitulación incondicional de todas las fuerzas armadas alemanas ante el mariscal de la Unión Soviética Georgui Zhúkov. Este lugar histórico se ha preservado tal cual, y se puede visitar. Al día siguiente se sucedieron las celebraciones del triunfo a lo extenso del país soviético y se reprodujeron en naciones de todos los continentes.

También colaboraron en gran medida en la victoria final los movimientos de resistencia, de partisanos y guerrilleros, que surgieron en los países ocupados por los nazis en Europa, tales como la resistencia encabezada por Charles De Gaulle en Francia, los guerrilleros agrupados en torno a Tito en Yugoslavia (que en la postguerra habrían de desempeñar un papel destacado en la formación del amplio Movimiento de los Países No Alineados) o los partisanos que colgaron por los pies a Mussolini en el norte de Italia en abril de 1945.

Después de liquidar el foco de guerra en Europa, la Unión Soviética dirigió sus fuerzas contra Japón, aliado de las fuerzas nazifascistas con las que conformaba el eje Berlín-Roma-Tokio y que con anterioridad había infligido a Estados Unidos un durísimo golpe en Pearl Harbour. Los militaristas japoneses mantenían oprimidas a la población de extensas regiones de China, Corea, la antigua Indochina francesa (incluido Vietnam) y otros países. El 8 de agosto de 1945 la URSS declaró la guerra a Japón y sus fuerzas asestaron golpes contundentes al ejército japonés de Kwangtung, que ocupaba la China nnororiental y Corea. Esa fue la causa esencial que obligó a Japón a firmar el 2 de setiembre de 1945 la rendición incondicional. La segunda guerra mundial concluía así con la derrota total de los agresores y se abría ante el mundo, en todos los frentes, la perspectiva de una paz duradera.

Fidel Castro recordó el aniversario de la señalada fecha histórica en una reflexión publicada en la víspera de las celebraciones en Moscú bajo el título: ”70º aniversario de la victoria sobre el fascismo: nuestro derecho a ser marxistas-leninistas”, en la que expresa: ”Al conmemorarse el 70º aniversario de la Gran Guerra Patria, deseo hacer constar nuestra profunda admiración por el heroico pueblo soviético que prestó a la humanidad un colosal servicio. Los 27 millones de soviéticos que murieron en la Gran Guerra Patria, lo hicieron también por la humanidad y por el derecho a pensar y a ser socialistas, ser marxistas-leninistas, ser comunistas, y a salir de la prehistoria”. En este texto hace referencia a los grandes problemas actuales para la supervivencia de la especie humana, desde la escasez de agua y alimentos para miles de millones de seres, previendo además que para el año 2050 la población de la tierra se elevará a 10 mil millones de seres. Señala asimismo que 23 años atrás, en una conferencia de la ONU sobre medio ambiente y desarrollo, expresó que ”una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”.

Volviendo al punto de partida: yo recuerdo perfectamente cómo en aquellos años, después de la guerra de España que marcó profundamente a nuestro pueblo (incluso a través del envío de voluntarios que fueron a pelear junto a los defensores de la República, o a la presencia de Indalecio Prieto en el Estadio Centenario) vivimos cada uno de los episodios de la segunda guerra mundial. La defensa de Leningrado cercada por casi mil días revistió el carácter de una epopeya, seguida paso a paso, lo mismo que la batalla de Stalingrado, motivo de versos inolvidables en los cantos de amor a Stalingrado de Pablo Neruda, y que dio inicio a la contraofensiva soviética que se entrelazó con la resistencia de los pueblos de Europa sojuzgados por el nazismo, contribuyó a su liberación y culminó con la toma de Berlín. Esta batalla marcó un viraje radical en el curso de la guerra a favor de la Unión Soviética. Igualmente tuvo relevancia la batalla del arco de Kursk, que se extendió hasta agosto de 1943 (todos estos episodios ocurrieron antes de que se abriera el segundo frente), que motivó expresivos mensajes de Roosevelt y Churchill a Stalin, los cuales habrían de renovarse ante otros hechos relevantes.

Así ocurrió con Winston Churchill, primer ministro de Gran Bretaña, quien en mensaje a José Stalin, presidente del Consejo de Ministros de la URSS, el 27 de setiembre de 1944 señalaba que ”precisamente el Ejército ruso sacó las tripas a la máquina de guerra alemana y, en la actualidad, contiene en su frente a la mayor parte de las fuerzas del enemigo”. En fecha anterior, el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, escribía: ”Me es difícil eludir un hecho tan sencillo como es que los rusos matan más soldados enemigos y destruyen más armamento que los 25 Estados de las Naciones Unidas en su conjunto”. Con posterioridad, el jefe de las fuerzas liberadoras de Francia, general Charles De Gaulle, decía en diciembre de 1944 en Moscú: ”Los franceses saben lo que hizo por ellos la Rusia soviética y saben que, precisamente, la Rusia soviética jugó un papel principal en su liberación”. En su libro ”Descubrimiento de la India” el líder de ese país, Jawaharial Nehru, se refiere a ”la hazaña del pueblo soviético en la segunda guerra mundial” en estos términos: ”La fuerza y la unidad que demostraron, no cabe duda que se deben a las peculiaridades del sistema económico y social, que aseguró un progreso social en un amplio frente, en el ámbito de la producción planificada y el consumo, el desarrollo de la ciencia, su aplicación y la revelación de nuevas fuentes del talento y la dirección, así como una brillante gestión del país”.

Por cierto que los daños, los sufrimientos y las muertes que provocó la guerra a la URSS son gigantescos. A los 27 millones de muertos se agregan los siguientes datos: quedaron destruidas por entero o parcialmente 1.710 ciudades y poblados, más de 70.000 aldeas, inutilizadas más de 32.000 empresas industriales, 65.000 kilómetros de vías férreas, más de 4.000 estaciones ferroviarias. Los agresores dejaron asoladas y destruidas 98.000 cooperativas agrícolas y 1.876 granjas estatales, 2.800 estaciones de maquinaria y de tractores. El daño material totalizó 2,6 billones de rublos (a precios de preguerra), incluidos 679.000 millones de rublos que suponen valores materiales robados o destruidos.

Ningún país en ninguna guerra sufrió pérdidas y destrucciones semejantes.

Vimos el sábado por Telesur las celebraciones en Moscú, por todo lo alto, con fuegos artificiales, danzas, otras coloridas expresiones artísticas y la presencia de 30 líderes extranjeros, entre ellos el secretario general de la ONU, Ban ki-moon. Se realizó un compacto desfile militar y se exhibió el estandarte de la victoria. En su discurso, Vladimir Putin dijo que era un día de festividad general y rindió tributo a todos los caídos en la guerra, y también en los campos de concentración nazis. Dijo que este homenaje llega a todas las generaciones en cada una de las familias rusas. El dirigente criticó los intentos de crear un mundo unipolar, y señaló que solamente un mundo multipolar será garantía de la paz. El presidente venezolano Nicolás Maduro, presente en el acto de la Plaza Roja, criticó la mezquindad de los dirigentes de ciertos países occidentales, que menosprecian el papel desempeñado por la URSS en la segunda guerra mundial, cuando la verdad es que el Ejército Rojo le quebró el espinazo a la maquinaria de guerra nazi.

Tres cosmonautas rusos que están en el espacio celebraron la fecha, se pusieron en contacto con la tierra y compartieron una cena especial que se les hizo llegar. El carguero espacial no tripulado Progress llevaba, entre los materiales que transportaba hacia la Estación Espacial Internacional (ISS), una réplica de la bandera soviética que el Ejército Rojo izó en la cumbre del Reischstag el último día de abril de 1945, y que iba a servir a los astronautas rusos de la ISS para conmemorar el 9 de mayo, día de la victoria. Pero, como es sabido, la nave se desintegró y cayó en la víspera de esa fecha en el Océano Pacífico central.

En cambio, un grupo de moteros rusos tuvo éxito al seguir la ruta de la victoria desde Moscú hasta Berlín, pasando por una serie de países que el Ejército Rojo contribuyó a liberar de la ocupación nazi, y llegó en Berlín hasta el mausoleo que recuerda los cinco mil muertos soviéticos en la batalla por la conquista de la capital de Alemania.

Acabamos de celebrar en todo el mundo, en síntesis, uno de los acontecimientos fundamentales de la historia del hombre sobre la tierra. Si no hubiera sido por la lucha de la coalición que enfrentó al nazifascismo alemán, italiano y japonés, con un papel preponderante de la Unión Soviética, muy distinto sería el mundo de hoy. A la vez, de estos hechos que marcaron la historia de la civilización se deriva la necesidad imperiosa de bregar sin tregua por la paz mundial, por un mundo sin guerras.

(*) Periodista. Publicado en “Bitácora”, 11 de mayo 2015

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